Sobre Joaquín Lera en la prensa gallega
Guitarras, flauta, armónica, saxo, piano, violín y algunos toques eléctricos; tiempos medios, ambiente intimista, letras urbanas, a veces poéticas, a veces directas, y un aire entre nostálgico y reivindicativo, son las claves del nuevo disco de Joaquín Lera, titulado Cometas.
Desde la portada, una pintura de Chelo Lera en la que aparece Joaquín con sombrero, todo el disco rezuma el aire distinto de una familia entera dedicada al arte. Tonos cálidos, fotos casuales en la que unos zapatos o el humo de un cigarro pueden ser el mejor retrato, un ajedrez roto en la calle, son metáforas que encajan a la perfección con el espíritu de Cometas, retales de una vida, pedazos de fotos en blanco y negro arrancadas al álbum de los recuerdos, saudade y ganas de vivir el momento, porque no se sabe si el futuro existe y si existe vaya usted a saber.
Joaquín Lera es músico y poeta, su libro de poesías Mujer Luna, editado por Ediciones Irreverentes, está siendo un éxito; allá por 1977 comenzó a actuar en locales como el "Song Parnass" de Lavapiés, al lado de músicos como Sabina, Alberto Pérez, Rafael Amor, Juan Antonio Muriel o Manolo Tena. No ha dejado de ser asiduo de las mejores salas de Madrid, como Libertad 8, Elígeme, Kingston y Galileo Galilei.
Ha actuado junto a músicos como Manolo Tena, Carlos Varela, Ketama y Albita y en países como Puerto Rico, Alemania, Malta, Bulgaria, Italia, Corea del Norte, Eslovaquia, Austria, Cuba y en la antigua Yugoslavia, con sus hermanos Héctor, Justo y Carlos, con quién formó el grupo "Ventolera" allá por los años 80.
La producción de Pablo Méndez ha dado a Cometas un aire distinto a las modas actuales. No se trata de un producto comercial, sino de un disco personal en el que se canta sobre temas cotidianos y personales; el deseo de pasar de la mano de una chica la ría, de una relación en internet, de los que pasan hambre, de quienes vuelan sin alas, de una dama triste, del stress, de los impuestos, de amores perdidos o ganados, e incluso de un coche que ha pinchado antes de una actuación, de la angustia de no llegar a la hora, del alcalde de un pueblo enfadado con el músico… en fin; la vida misma con pocas mascaras.
Sin duda canciones como Aprendiz de cometa, Lejos queda la orilla del mar (nostalgia de la Galicia lejana), May Day o Don Quijote van a gustar a los seguidores de Joaquín Lera. Seguro que más de un enamorado pondrá de fondo Si no me nombras.
Y es que Lera, con los años, se ha vuelto más romántico e intimista. Canta de lo que toca, de lo que palpa, hubiera sido un encantado representante del mester de juglaría y habría cantado con gusto en las Cortes de Amor medievales, habría rondado a la reina Margarita de Navarra… habría perdido sin duda la cabeza. Afortunadamente este Lera vive en los tiempos modernos y pasa por su momento más pletórico de creatividad; publicó su poemario Mujer Luna, ahora su disco Cometas, ha cantado sin parar, ha dado recitales de poesía junto a gente como Sánchez Dragó o Sádaba, ha sido invitado en un homenaje a Miguel Hernández, donde cantó y recitó… más activo que nunca está este Leo, adicto a la buena comida, al sol, a los placeres, extrovertido e introvertido (según el momento), subido ahora en su cometa, mirando todo desde las nubes y convertido en un juglar urbano moderno. Dispuesto a ir cuando sea necesario a tu pueblo a cantar, a recitar sus poemas, y a beberse después un buen ribeiro.







